El campo de batalla se había convertido en una fiesta.
Esa fue la imagen que el viejo Saturno observó al llegar a Aries. No era lo que esperaba. En lugar de guerreros embravecidos, luchando, encontró un grupo de guerreros ebrios: cantaban, reían, bailaban, dormían… y soñaban.
Saturno, el señor del tiempo, se había provisto de su mejor arma antes de llegar: la paciencia.
Sabía que encontraría guerra, caos y el fuego de los inicios, pero Neptuno había llegado antes; y había comenzado a cambiar las reglas.
El campo estaba nebuloso, cubierto por una suave neblina que lo envolvía todo. Un misticismo extraño comenzaba a reinar en el lugar.
Los guerreros estaban dispersos, confundidos, embriagados de ilusión, sueños y poesía.
Saturno observó en silencio.
Vio a Neptuno a unos pasos, hablando de propósito, mientras algunos lo escuchaban con ojos vidriosos, fascinados, conmovidos, pero además confundidos.
Neptuno, los había inspirado, Sí, pero también los había desorientado.
Saturno apretó la mandíbula.
Comprendió que debían tener una conversación, pero eso sería después. Antes, debía devolver un poco de gravedad a ese espacio.
Caminó entre los guerreros borrachos y, sin gritar, comenzó a retirar las copas.
Una por una, sin rabia, sin juicio, solo firme. Algunos protestaron, otros rieron nerviosos, y algunos otros, ni se enteraron.
Saturno entendió su tarea, no había llegado hasta allí a apagar el fuego, y mucho menos para frustrar los sueños, al contrario, debía darles huesos, forma y estructura para que pudieran manifestarse.
Necesitaba que la euforia se transformara en enfoque, que el impulso se volviera estrategia, que la fantasía se convirtiera en responsabilidad y poner límites al sin límite, en un espacio completamente nuevo para todos.
Para eso debía tener aquella conversación, debía ponerse de acuerdo con el señor de los mares, no sería una pelea, debía ser algo más profundo.
Seria, el encuentro entre el sueño y la realidad, entre la inspiración y la estructura, entre el ideal y lo concreto.
Y ese encuentro… marcaría el inicio de un nuevo ciclo. (20 de febrero)
Continuará.
Lina Montoya – Astralinis


